Lo bueno.

Lo bueno es que nadie visita esta pagina, no subo nada. De repente entro acá y pienso que debería publicar cosas mas seguido, luego se me pasa, luego ya no. Heme aquí publicando entonces algo que solo yo leeré; que mal posteo es este.

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Rulfo

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo. «No dejes de ir a visitarlo -me recomendó-. Se llama de otro modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte.» Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.

Frío.

Me gustan las noches frías cuando mis manos quieren alcanzar otra que no sea la propia, cuando una canción acompaña esta soledad planeada que ya me tiene tan harto. Volverme loco por un nuevo poema, uno muy viejo, recién por mi descubierto. Hoy fue Baudelaire y la serpiente que danza. No se lo pude contar a nadie, no entenderían como lo veo yo y no se fascinarían, provocando más decepción.  Hubo una mano ajena que en el frío me acompañó y a las letras se fascinaba; pasó como he pasado yo tantos caminos y el calor provocado fue vaho que ya no está. Me gusta recordarla cuando hace frió, detesto las tardes soleadas. Sonreía frente a un libro por cosas que en su momento no entendía, adoraba estar junto a ella si de por medio hubiese un libro, su sonrisa y sus ojos valían una vida de trabajo. Quizá no fui yo el motivo de alguna de sus sonrisas, pero fui testigo de su expresiva persona que muchos daban por fría. Me abrazó alguna vez con cariño. Una vez los anteojos se quitó y en la oscuridad buscó mi rostro con sus manos, me besó. Seguirán llegando las noches frías aunque mi mano no esté en la suya. El recuerdo abriga un poco cuando ya no hay remedio y la música puesta ayuda a que el remedio no venga pronto. Es una contradicción muy linda, como mi soledad, como mis ganas de ir a buscarla.
A veces quiero escribir en segunda persona como si ella fuese la lectora, me gusta imaginar ese rostro, los dientes que cuando sonríe se dejan asomar, cuando levanta las cejas queriendo ser inexpresiva sin lograrlo. Escribiré en segunda persona imaginando que es ella quien lee.
Te extraño.