400 kms por el norte

 

El clima cambia siempre y aprendo con esto que yo debo hacer lo mismo. De una frase me acuerdo, del autor no:

“Viajo, no para cambiar de lugar, sino de ideas”.

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Del sol mañanero a una lluvia sorpresiva, arboles podados a manglares y estos, a palmas. Las curvas, subidas, bajadas, arboles frutales, verdes montañas y aire fresco, cambió por una monótona, plana y recta carretera, sin frescos aires ni fruta en los arboles. La soledad del pedaleo continuo del camino se sustituye por los gritos de niños en pueblos, coloridas casas y vivas calles. Partí de San Blas y estoy en Santiago, el lugar de los perros. Ando refugiado en el pórtico de la parroquia local donde pasaré la noche.
Me gusta cuando la gente me da instrucciones para el camino, nunca, o casi nunca aciertan a kilómetros restantes o estado del camino, por tanto, mi instinto viajero aprende a no tomar por ciertos todos los consejos, y mi instinto humano, a dejarse sorprender siempre.
A las 9 de la noche la lluvia a cesado dejando como rastro charcos por todos lados. Será una noche fría, estoy casi a la intemperie, arrullado por el agua que salpica y los pájaros que cantan. Antes que el sol salga parto más al norte, esta vez sin mapa digital ni carga en el teléfono.

 

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El icónico cerro de Santiago del cristo de brazos abiertos y uñas pintadas fue sustituido como referencia por el cerro de las antenas, también icónico y alejado de la vista, que al llegar a él, sería noticia del arribo a Peñas, donde un letrero me avisaba de helada agua de coco, cuando de helada tenia solo la leyenda del rotulo.
Rosamorada me sorprendió con una plaza muy bella, gente agradable y desayuno gratis, pero la bici quería correr y para el destino del día faltaban mas de 50 kilómetros, por lo que tuvimos que partir (mi bici y yo) antes del medio día. Al km 111 del camino a Mazatlan, tomé un atajo que no era atajo, más a mi favor conseguí comida gratis, un buen amigo y saludos de niños que corrían tras de mi. Después de mi atajo (que no era atajo) volví a carretera, donde mangos en los arboles me esperaban y se resistían a ser cortados. Llegué a mi destino antes que la lluvia anunciada que nunca llegó.

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Con el estomago lleno casi a tope, me despido de la familia que me acogió en Acaponeta, donde el famoso calor nunca se presentó.
El plan era recorrer tranquilamente el lugar para luego salir a rodar los 150 kms de ese día, no hice ni lo uno ni lo otro. De Acaponeta salí con ímpetu y regresé a los 20 minutos con una llanta pinchada y con poco efectivo. Dos parches mal puestos no fueron suficientes para contener la pinchadura que mis ojos inexpertos apenas podían ver. Un trozo de cartón y un plumón sirvieron para hacer un letrero dando aviso a los conductores de querer llegar a Tepic antes que anochezca. A lado de la carretera estábamos los tres (la bici, el letrero y yo), el letrero al frente viendo pasar al menos una treintena de camionetas ir hacia mi rumbo, mientras nosotros seguíamos ahí. Una camioneta se paró y hasta Tepic fui a dar de un solo “raite”. Los paisajes que en bici veía tan lentos, pasaban esta vez cual si tuviesen prisa, la música del teléfono que ya estaba cargado acompañó el trayecto hasta casa.  Fue buena música y un buen inicio de aventura.

 

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9 thoughts on “400 kms por el norte

  1. Waaaww , que aventura…Bueno, de la experiencia propia se aprende, tanto como de la ajena. Y mientras haya lectores en este mundo, habrá blogs…

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  2. Que padre que compartas tus momentos de aventura y vida. Me da gusto que te vuelvas un loco más y vivas lo que en realidad quieres hacer y se que lo vas a disfrutar al máximo descubriendo ese pequeño e inmenso mundo y sobre todo sintiendo cada parte de el.

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  3. Eli 😀 gracias por comentar, loco ya estaba pero no me animaba a salir haha, ya me animé y vi que es más fácil de lo que aparenta, ahora nada me detiene. que bueno que te haya gustado

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  4. Antes del próximo viaje, tienes que aprender a encontrar las ponchaduras de las llantas! >.< Me da gusto que te la hallas pasado bien, Cirio, 😛 y aun te falta mucho por recorrer! Dios contigo!

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  5. Dice que no hay mejor manera de aprender que viajar, tener la mente abierta y la actitud bien puesta. No todos tenemos la posibilidad de hacer lo que tu haces ahora, por miedo, por inseguridad, por responsabilidades que se tienen o por tantas cosas que nos inventamos, cosas todas que están en nuestra cabeza. Pero tu has descubierto que nada te detiene y que nada te ata a un solo lugar.
    Compartir tu aventura la hace nuestra también, de aquellos que te conocemos (algunos mas, otros menos) y tu emoción y tu ímpetu pueden sentirse; y aunque algunos te llamen loco o desquihacerado lo cierto es, que eres un ejemplo de que nada vale mas la pena en la vida que hacer aquello que te hace feliz.
    Finalmente la vida es #UnViaje te deseo una excelente travesía amigo.

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  6. yeah!!! que genial comentario hilde. La cuestión es sacarse el miedo, la vida se pone fascinante después de eso. A seguir viajando!!

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