Aquella entrada a Oaxaca

Cecilio Cervantes Testa(QEPD):

Este trabajo no tiene muchas pretensiones; más servirá para que alguien piense en mi, cuando yo ya no esté.

Tomado del libro "lo mejor de tomatazos, una alusión al pasado"

Hubiera querido abrir el acelerador de la moto Carabela 100 que montaba al entrar a la ciudad de Oaxaca aquella tarde de agosto de 1968, pero el biclo no daba mas. Los motociclistas oaxaqueños que habían salido a encontrarnos, a mi moto y a mi, unos 20 kilómetros antes de llegar a la ciudad, nos saludaron y avanzaron con nosotros adelante y atrás. Los periódicos de Juchitán y Tehuantepec habían dado cuenta de nuestra inminente llegada a la capital de Estado, caminando a vuelta de rueda, con los ultimos funcionamientos del pistón que se acaba inexorablemente. No era una proeza lo que habíamos realizado mi aparatito y yo. Si acaso, lo que despertaba la curiosidad de los compañeros deportistas que hacían rugir sus maquinas a nuestro lado, era el hecho de haber salido a torear autos y camiones a la carretera, en un recorrido iniciado en Nayarit y que terminó en la República de El Salvador, después de haber pasado por Guatemala. La verdad es que parecía un viaje de locos para todos los que no supieran nuestro afán de narrar para “El Diario” de Santiago y la prensa nayarita las peripecias de un viaje así. Ya habíamos hecho descripciones cotidianas de las cosas interesantes que observamos. Escribíamos en la noche, y en la noche poníamos la correspondencia al correo. De todas partes habíamos dicho un poco, Ixtlan, Magdalena, Guadalajara, La Piedad, Pénjamo, Abasolo, Irapuato, Salamanca, Querétaro, San Juan del Río, México, Puebla, Orizaba, Córdoba, Boca del Río, Veracruz, La región de los Tuxtlas, Acayucan y párele de contar. Hubiéramos  querido recorrer toda centroamerica, pues la motito quemaba muy poco combustible y este servidor comía con frugalidad en aquella etapa de la vida. Cabiedes nos había dicho en Santiago: Oye Chilo y cómo vas a cruzar el Paso de Darién. Es un lugar donde hay tribus hostiles, selva, pantanos, animales feroces, reptiles gigantes. No lo sé, era la contestación; llegado el momento buscaremos la forma de resolver el problema. Le habíamos narrado a Don Pepe Narváez los encuentros con los piquetes de soldados del gobierno guatemalteco en aquellos que eran dias de revolución. Fuimos también interceptados por un grupo rebelde en las inmediaciones de una estación de ferrocarriles. Estaban pobremente vestidos, pero embrazaban buenas armas avanzando lentamente hacia la ciudad de Oaxaca, rodeado de amigos deportistas recordaba las palabras de aquellos muchachos guerrilleros tan jóvenes y sencillos: Amigo periodista mexicano, di en tu periódico lo que sufre el pueblo guatemalteco bajo la tiranía brutal que nos oprime, en aquellos días era presidente de la República Julio César Méndez Montenegro, y como ha ocurrido casi siempre, los que verdaderamente mandaban en el país eran los norteamericanos. Y después de un viaje tan bonito, tan plácido e interesante, ahora íbamos de regreso. Al día siguiente habríamos de visitar algunos lugares interesantes de la ciudad. Así habíamos convenido con nuestros amigos oaxaqueños que se despidieron de nosotros en la puerta de un hotelito donde el cuarto que habitamos tan brevemente era limpiecito, tenía abundante agua y un buen ventilador. Después de un baño generoso y reconfortante nos sentamos a la mesa de una mujer que vendía pollos guisados. Y resultó como en mi tierra: los sopes ¿con medio plato de pollo o un plato entero? Días atrás, al reportarme a casa desde Tapachula, Chiapas, la madre de mis hijos me había gritado fuerte probablemente desconfiando de la pasmosa utilidad de los hilos telefónicos: ¡Andas muy lejos; ya vente los niños preguntan por ti! Con algún pesar al día siguiente de nuestra llegada a Oaxaca subimos la moto a una linea camionera de carga y luego compramos boleto en el tren para regresar. Secretamente, en nuestro pensamiento, sin que nadie lo supiera hasta hoy, dijimos como MacArtur: ¡Volveremos! Pero nunca volvimos y ahora hay menos esperanzas, pues ya le andamos hablando a pelayo.

Advertisements

2 thoughts on “Aquella entrada a Oaxaca

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s