Tarde soleada

Te había olvidado, en ti no pensaba más,  en mi mente no rondabas desde hacia no se cuento, no mucho, pero tu nombre ya no me sonaba a ti, te habías ido ya, pero esta tarde, tarde soleada y de caos en las calles, apareciste y te hiciste oír. No volteé, la pantalla del portatil reflejó tu sombra; no hablé, mis oídos retuvieron tu risa. Ya te había olvidado, te aseguro que así era, ya no estabas en mi, volviste sin dar aviso para tomar precauciones, volviste, te escuché y empezó con esto un eco en esta cabeza mía afanada en no perder de nuevo tu imagen. Ahora te escribo, cosa que hacía cuando te pensaba; ahora te extraño, cosa que pasaba cuando te quería. Y te extraño y te quiero, te pienso, como en los viejos tiempos que te escuchaba y tu figura me paralizaba, como esta tarde, que sin voltear o hablar, volviste. Pero no volviste por mi, no para quedarte, no para mi, sino para marcharte de nuevo sin cruzar mirada ni palabra, solo para recordarte y a tinta de pluma escribirte, anhelando llegue a ti, donde estés ahora, tarde soleada.
Te escribo ya que te fuiste, con aspiración a llegar a ti cuando hablar no pude cuando estuviste. Hablo en pasado usualmente porque del pasado inspiro ese futuro que quizás no suceda. Tarde soleada cuando salgo y no estás mas que en mis pensamientos y en la carta que no lees. Ahora que sigues apareciendo y sigues riendo, sin verte ni hablarte, te extraño, te pienso y te quiero.

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